Mira por dónde “Política” y “Político” son palabras que surgieron en Grecia (Cuna de la Democracia). En su concepto primero, Política significa lo “relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano”
Pues bien, Platón -que recoge las magníficas enseñanzas de Sócrates–, en su Cuarto Diálogo, define al “Político” como al hombre que posee el conocimiento para gobernar correcta y justamente, además de representar los mejores intereses de sus ciudadanos.
En contraposición, los sofistas –que, según Platón, eran los que, por entonces, dominaban el gobierno griego- no dejaban de ser imitadores que no conocían la forma correcta de hacer las cosas pero aparentaban, ante los demás, una sabiduría que les faltaba.
Con el tiempo y la práctica política, la cosa no ha cambiado. Lo mismo que verdaderos políticos, por todas partes –tanto en Grecia como fuera de ella- aparecen miles de imitadores que no lo son (innumerable caterva de entendidos, ladrones, arribistas, mentirosos, pedantes, manipuladores, manipulados, compradoresdeaire, vendedoresdenada, correveidiles, charlatanesdeferia, listillosdearrebatacapas,…)
Además, si hacemos un análisis comparativo de lo que, políticamente, está pasando en el país heleno bajo el gobierno de Syriza y lo que nos está pasando con Podemos en los Ayuntamientos y Comunidades de toda España, se nos pueden poner los vellos como escarpias. Fíjense con detalle:
Hace casi nueve meses –cuando todo estaba por catar en España y en Grecia- en un artículo titulado “¿Podemos volver al Fascismo?”, advertía que las formaciones populistas –como Podemos o Syriza- se basaban en tres componentes fundamentales: Un Liderato único e incuestionable (y, si no, que se lo pregunten a los que piden primarias equilibradas en Podemos o a los que han cuestionado las decisiones de Alexis Txipras en Grecia); la manipulación de la masa, convirtiendo la indignación en cambio político (que se lo pregunten a griegos y españoles); y fórmulas antisistemas, como la nacionalización de la Banca y el anticapitalismo; todo ello, aderezado con un claro componente victimista y revanchista (que se lo pregunten a los ministros de la Unión Europea, al BCE o al FMI). Además de lo dicho, la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto (aunque, después, el líder se desdiga completamente y le corte la cabeza a los que protesten… y, si no, que se lo pregunten a Varoufakis, después del papelón que tuvo que hacer)
En un artículo posterior, me referí a La Teoría del Caos, como regidora de movimientos populistas como Podemos o Syriza. Decía que esta Teoría “…explica que los Sistemas dinámicos son muy sensibles a las variaciones de las condiciones iniciales, imposibilitando la predicción a largo plazo de su comportamiento. En los sistemas caóticos, una mínima diferencia en estas condiciones provoca que su evolución sea completamente distinta a la que pudiera preverse (no perdamos de vista lo que ha pasado y está pasando en Ayuntamientos, Comunidades y Diputaciones y en el propio Podemos…)
“Para que nos entendamos –continuaba el artículo- Podemos está formado por una masa de individuos, con ideas y actitudes tan diferentes, que todo vale y todo cabe, todo permanece y todo puede cambiar, todo puede ser blanco pero negro a la vez (recuerden las votaciones en un Pleno de Écija, en las que –para la misma propuesta- cada miembro de Podemos votó una cosa). En definitiva, todo puede ser lo que dije entonces y todo puede ser lo que digo ahora. Podemos (y también Syriza) es imprevisible porque todo lo resume a la Teoría del Caos”… Quizá, por eso, los griegos votaron a una Syriza que les prometía un blanco que nadie veía; después, continuaron en el empeño y votaron blanco en su referéndum… y, una semana después, han tenido que aceptar el negro por coxones (¡Olé con el Gobierno del Pueblo para el Pueblo!)
Pero -¡en fin!-, dos mil cuatrocientos años después de Platón, hubo alguien (creo que fue Churchill), que –supongo que pensando en algún imitador- dijo algo así como que el Político es el hombre capaz de predecir lo que, exactamente, va a pasar el mes siguiente; y, llegado el mes siguiente, sabe cómo explicar –perfectamente- por qué no pasó lo que dijo.
Puro sofismo, que diría el Platón socrático (o, como digo yo –que soy bastante más burro-: “jeta pa reventá”)


