Nunca podemos saber que nos deparará el futuro, y sí este lo vinculamos con el trabajo la mezcla puede ser sorprendente. Estos es precisamente lo que ha llevado a un ecijano de 35 años de edad a residir desde el pasado mes de abril en Upington, en Sudáfrica, un destino al que le ha llevado su profesión, es instrumentista en una planta solar.
Écija es conocida como “la ciudad del sol”, en los últimos años el sector de las conocidas como energías renovables, y en especial la que proviene del sol, se ha implantado en el municipio y ha experimentado un importante crecimiento, pero Javier Rosado Aguilera, ecijano, ha tenido que hacer las maletas y viajar a 7.834,49 kilómetros –distancia en Écija y Upington en línea recta- para poder desarrollar su trabajo, el cual está vinculado a la energía solar.
En la provincia septentrional del cabo de Sudáfrica se encuentra Upington, una ciudad con poco más de un siglo de historia desde su fundación, y que cuenta con unos 72.000 habitantes. Entre sus vecinos se encuentra desde abril de 2014 un ecijano, quien debido a la situación laboral en la que está inmersa España, se vio en la obligación de iniciar una aventura por el mundo que ya le llevó en su momento hasta Emiratos Árabes.
Javier trabaja para una empresa que se dedica al sector eléctrico e instrumental, un buen día le ofrecieron como destino Sudáfrica y desde entonces vive en un país del que le sorprende “la precariedad en la que vive la inmensa mayoría de la población, y la grandes diferencias que existen aún a día de hoy”.
Sobre el lugar en el que vive ahora, Javier recomienda no perderse una puesta de sol y una noche estrellada, además de visitar Pabalelo, el que denomina como “el barrio más castizo” de la ciudad, y comer carne de perezoso y sprinbok (una especia de gacela), aunque reconoce que el exceso de especias y salsas no le termina de gustar.
En Upington, Javier ha encontrado un lugar que le recuerda a Écija, se trata de un hospital cuya fachada es parecida al colegio en el que estudió, el Blas Infante. Cuando se le pregunta sobre que es lo que más echa de menos de Écija, su respuesta es rotunda “el poder pasear a cualquier hora del día sin temer por mi integridad física”, aunque para su familia y amigos quiere mandar un mensaje de tranquilidad.
Asegura querer volver a Écija en cuanto pueda, un lugar que ve desde la distancia “con mucha añoranza” y del que le gustaría tener en la despensa “molletes de la Conchi, jamón, aceite de oliva y Cruzcampo”, aunque si pudiera elegir sobre que recibir en Sudáfrica procedente de Écija, lo tiene claro “a la familia y amigos”, con quien mantiene el contacto vía telefónica, WhatsApp, Facebook y Skype.




