Siempre digo que, en realidad, el paso de los años -¡tan irremediable y tan constante!- se hace como si nada. Ni siquiera lo advertiríamos si no los contabilizáramos como un hito, porque nuestro cerebro está tan sujeto a los concreto y huye tanto de lo relativo y lo abstracto, que necesita amojonar el tiempo como para saber que estamos pasando.

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Cada historia tiene sus propias historias convertidas en detalles y anécdotas y, su desconocimiento, es lo que muchas veces nos hace errar en nuestros juicios y ensalzar o maltratar a los protagonistas de las mismas. Eso lo aprendí, finalizando el siglo pasado, gracias a la historia de Jaime Ostos.

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Este domingo, 19 de noviembre, se celebra el Día Internacional del Hombre. Hace cuatro años, me preguntaba lo mismo que ahora: ¿cuántos hombres saben que hoy es nuestro Día? Más aún: ¿saben a qué se dedica este Día Internacional del Hombre?

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Toda esta astracanada política con la que se inició y continuó nuestra semana (y que perdonen lo de “astracanada” aquellos ignorantes de la desmemoria histórica que aún no se enteraron que Muñoz Seca no era franquista), ha tenido, para mí, un desenlace esperado por un lado y absolutamente inesperado por otro.

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Hay veces que las cosas me resultan tan claras, que hasta dudo de mis certezas, porque no entiendo que los demás no vean lo que yo aprecio con tanta nitidez. Es lo que me ocurre con el asunto catalán: yo cuento dos y dos, y siempre me salen cuatro.

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El vapuleo de los últimos meses ha sido de aupa. Todo esto de Cataluña, ha traído tanta cola que creo llegado el momento de hacer una brevísima, pero necesaria reflexión.

Pienso, por ejemplo, que ha sido un desastre la actitud de algunos partidos políticos (por no decir, todos). Los unos, por pusilánimes y conformistas; los otros, por manipuladores y provocadores; estos, arrimando las ascuas a su sardina; aquellos, negándole a los demás –y de paso a la Justicia- la candela y el pescado. Hubo momentos, que algunos políticos me parecieron mojones (sí, mojones como se quieran entender: de los que, en la carretera, sólo sirven para estar tiesos. Indicando siempre lo mismo;… o de los otros, que apestan a legua, rodeados de moscones que comen de ella)

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