“Tipografía”

La ministro Celáa, lo soltó como si tal cosa: “Los hijos no pertenecen a los padres”. He tenido que entrar en Internet para convencerme de que esta mujer tiene dos hijas, porque yo -que tengo cuatro y un varón- es algo que tenía clarísimo como el agua.

Cualquier padre -que lo sea- sabe que su hijo no le pertenece; más bien, al contrario: somos nosotros los que les pertenecemos, pues para ellos y por ellos vivimos toda una existencia para, al final, aceptar su voluntad de vida, que muchas veces nos consuela, otras nos aleja y otras nos deja al pairo.

No hace falta, pues, que venga una iluminada a decirme lo que ya sé por partida quíntuple. Otra cosa distinta son los derechos que esa entrega completa -en cuerpo y alma- nos otorgan sobre su educación y sus cuidados. Esos derechos paternos, derivados de una relación tan natural como sagrada, sólo son cuestionados en los países que se rigen por Sistemas totalitarios. Sistemas como el que, poco a poco, están queriendo implantar en España y que -para colmo de la paradoja- a la vez que nos recuerdan que los padres no son propietarios de sus hijos, autorizan a una menor, si lo desea, a acabar con la vida de quien pudiera ser el suyo.

Este dislate sólo tiene una explicación: y es que esta gente acabó mezclando la extrema izquierda y la extrema derecha con el rebujito de un montón de teóricos baratos y han perdido el norte. Será por eso, quizá, que estamos viviendo la repanocha, el mundo al revés, la paradoja de las realidades, el purgatorio de lo absurdo,… y, todo, porque el gobierno Sánchez, sin escrúpulo alguno, quiere acomodarnos -sí o sí- la horma diminuta y deforme, resultante de tanta mezcolanza de intereses, contradicciones, ignorancia y disparate.