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Durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, la avenida Miguel de Cervantes, apodada “calle nueva” se convirtió en la arteria principal de Écija y gozó de gran esplendor. Fue un periodo en el que la avenida se convirtió en el reflejo de la ciudad. A esta imagen contribuyeron los cines de verano, los locales de ocio, las cafeterías y los salones recreativos. Sin duda alguna se trató de una vía llena de vida que tenía su máximo apogeo de noche, momento en que el bullicio de los cines de verano era extraordinario.

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La avenida, como lugar de encuentro y paseo dominical de los ciudadanos, iba incrementando su actividad día a día, a la vez que decaían otros lugares que los ecijanos habían utilizado desde tiempo inmemorial, como era el caso de la famosa Fuente de las Peñuelas, en la carretera de Lucena. Otro lugar que también frecuentaron nuestros antepasados para sus paseos fue la “Choza de José María” en la antigua carretera de Sevilla, lugar este que alcanzaba su mayor esplendor en la fecha en la que se celebraban las “Fiestas de los locos".

Los jóvenes y las familias al completo se reunían en la Plaza Mayor, y desde allí, se iniciaba un itinerario que concluía a la altura del parque Infantil. Llegado a este punto, se tomaba nuevamente la dirección hacia la Plaza; y así, sin solución de continuidad, se daban vueltas y vueltas en animadas tertulias. Era tal el gentío, que se ocupaban no sólo aceras sino también la calzada en todo su trayecto. Eso sí, había una norma no escrita por la que los ciudadanos desfilaban siempre por la derecha y se paraban y charlaban, de vez en cuando, con los del lado opuesto. Los jóvenes tenían la oportunidad de dejarse ver con sus mejores galas y de encontrarse con otros grupos para establecer relaciones amistosas que a veces terminaban en noviazgo, y sobre todo, de divertirse y organizarse para ir al cine o los guateques.

Las tardes primaverales y veraniegas daban lugar a los paseos de mayor concentración ciudadanos. Los vespertinos tenían unos horarios determinados y se hacían a la conclusión de las misas de las iglesias de Santiago, Santa María y San Francisco. A esta última acudía la juventud más pudiente de la ciudad.

Los paseos de tarde eran más populares. En ellos se dejaban ver matrimonios con su prole. Los mixtos se iban formando según el devenir de del día, de tal forma que tenían su mayor afluencia a la hora en que se iniciaban las sesiones de los cines de verano o la hora del vermut. En los casos de las jovencitas, al rigor de la custodia se añadía, en ocasiones, que el padre o un hermano mayor o incluso una vecina las esperara en las puertas de los cines para acompañarlas a sus respectivos hogares. Los que no optaban por el cine, se los veía en las terrazas del Bar Luque, situada al comienzo de la avenida. En el otro extremo se encontraban otras terrazas muy populares: la de los "4 Vientos" y, sobre todo, la del Bar Avenida. Las mujeres no iban solas a los bares, pero sí a las cafeterías, de manera que era en estos establecimientos donde se podía ver el mayor número de jóvenes de distintos sexos.

Por la acera de la derecha, camino del Cerro, los jóvenes acudían a los famosos futbolines de Manrique o bien a la heladería de Cremades, a degustar sus especialidades en helados de turrón, chocolate y fresa y, sobre todo, se acercaban a comprar los populares "chochitos” al “puesto amarillo”. En la acera de la izquierda, se encontraban la heladería Los Italianos y la popular pastelería de "Serrano" donde se podían comprar los famosos "tabiques”. Tanto la heladería Cremades como la pastelería Serrano tenían vendedores ambulantes: la primera tenía seis carritos que distribuían el producto por la ciudad y lo mismo ocurría con la pastelería que disponía de vendedores que exponían sus dulces en canastos de mimbres.

Otros establecimientos ubicados en la vía eran el bar Guinea, la charcutería Granados, el bar Negresco, el bar Tranvía, la Sastrería y Pañería Cubero.

La costumbre de pasear por la "calle Nueva" sufrió una contrariedad cuando los automóviles se adueñaron de esta popular vía. La revista ÉCIJA se hacía eco del problema de tráfico en la ciudad y, en concreto, en esta avenida. En un artículo titulado "Tema de actualidad” el cronista escribía: "Y no digamos nada de la calle Miguel de Cervantes, bien sabemos que es una costumbre muy antigua el pasear por el centro de esta calle. Pero esa costumbre fue tomada en aquellos tiempos en que Écija carecía de zonas verdes, parques, alamedas y otros lugares indicados especialmente para paseos, donde el tránsito rodado casi nulo. Pero hoy que nuestra Écija tiene rango y categoría de gran ciudad sus calles van quedando estrechas a la circulación rodada. Contamos con zonas apropiadas, amplias y bellísimas para el deambular tranquilo y sin peligros del peatón, nos parece absurdo que se tomen las calzadas de nuestras avenidas como lugares obligados de paseo. Se impone, pues, una rectificación de nuestras ya viejas costumbres, para acomodarlas a los tiempos actuales. Olvidar aquellas costumbres de pueblos pequeños para encajarnos definitivamente en las normas de vida de una ciudad que por su rango y categoría así lo requiere”. Aquí termina la cita de este curioso artículo publicado en un medio local que nos ha hecho recordar una parte de las costumbres de nuestra ciudad.

Fuente. La Avenida Miguel De Cervantes: Cien Años en La Memoria, Juan Méndez Varo.