Comienza una nueva Semana Santa. Un año más, los hombres sacamos al Hombre a nuestras calles. Más se me antoja que este año es diferente. Este año hemos llegado al extremo de la fobia. Hemos polarizado tanto el pensamiento, el alma (llamadlo como queráis), que, más que nunca, unos nos estamos volviendo contra los otros. La Política nos está enfrentando o, quizá, haya sido nuestra propia miseria de hombres necesitados de solidaridad, de comprensión, de justicia,… (elegid vosotros mismos). Nos está sobrando la rabia del fanatismo, la ira de la soberbia y nos está faltando la comprensión de la fraternidad, la solidaridad de los que sólo somos hombres tan iguales.

Este domingo tengo una cita ineludible en el Teatro Municipal, con mi querido compañero, Amigo y Hermano, Manuel Martín Martín; y lo tengo claro, entre su labiaque tanto tiene de compás, su sabiduría que tanto va por lojondoy esa ironía tan suya –y tan inteligente- por la que Vallecillo lo nombró “martillo de los herejes” (aunque algunos piensen que no es martillo sino una mala leche que se la pisa)…yo es que voy a disfrutar como un enano.

Sinceramente creía que, en esta España nuestra, ya no podría llegarse a mayores cotas de locura. Pero estos desocupados y gritones iletrados que responden -¡tan inconscientemente!- al silbo del zagal de turno, que los pastorea como rebaño de borregos con hidrofobia, no tiene límites. Pero lo peor es que siempre hay un listillo populista que, en cuanto escucha tanto balido junto, se pone a pescar en río revuelto, por si las ovejas se vuelven carpas, de esas que siempre van contracorriente, se ciegan en el esfuerzo y, así, contracorriente, labran su desgracia.

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