2016 es probablemente uno de los años en los que los españoles más nos hemos parado a reflexionar y a pensar en nuestro país, en lo que queremos para él. Se trata de un sano ejercicio, pues un pueblo que piensa será siempre un pueblo libre. Es verdad que la falta aparente de Gobierno durante meses (en realidad sigue tomando decisiones importantes) y la repetición de elecciones generales en junio, ha provocado un sentimiento de hartazgo y de pasividad en mucha gente, pero eso sin duda lo único que podría hacer es empeorar las cosas. Hoy más que nunca, nuestro país necesita un pueblo activo y combativo.

En Écija, entre otras cosas, se practican muchos deportes. Empezando por el fútbol, con nuestro Écija Balompié, pero también siguiendo con el ciclismo, el atletismo o el piragüismo, cuyo Club nos trae cada año el espectacular descenso del Batán por el río Genil. En estas líneas -y aprovechando para agradecer a la redacción de EcijaWeb la oportunidad que se me da- quiero hablar de otro deporte que en nuestra Ciudad existe y que debemos fomentar: el ajedrez.

In memoriam

A David Robert Jones, aka David Bowie

Fue el 6 de julio de 1987. Su primera actuación en España. Era lunes, como el día en que se ha ido. Se cabreó porque él, amante de la pintura y pintor ocasional, no pudo visitar el Prado, como era su intención, que entonces cerraba ese día. Una emisora de radio de Sevilla -Domingo Baluffo me apunta que Radio Triana- organizó un viaje express, ida y vuelta en el mismo día, para asistir al concierto. 5.000 ptas., mil duros de los de entonces, viaje y entrada. Ésta costaba 3.000 ptas., unos 18 € de hoy. No sé por dónde me enteré de aquello, creo que un compañero de la Facultad me avisó. El caso es que unos cuantos ecijanos nos apuntamos a la excursión.

El autobús salió de Sevilla por la mañana temprano y paró en Pirula para el desayuno. Allí nos recogió a nosotros. No tenía que abandonar la autovía para entrar en Écija sencillamente porque entonces no había autovía. Debían ser las 9:30 o las 10 y a esa hora ya hacía bastante calor. De ahí hasta Madrid por la N-IV, entonces como digo una carretera convencional, con carriles para vehículos lentos en las cuestas y poco más, aún sin desdoblar. El paso por Despeñaperros se hacía eterno. Yo iba sentado con uno de mis amigos, delante de nosotros, una pareja encantadora llevaba una neverita repleta de botellines. Para cuando llegamos al famoso puerto entre Andalucía y Castilla-La Mancha ya no quedaba ni uno solo. Y eso que a mi amigo no le gustaba especialmente la cerveza, pero era el mejor remedio con el que combatir el calor de un mes de julio, dentro de un autobús de los de hace treinta años, mientras cruzábamos medio país.

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