-¡Qué día tan bueno! Me dirigí a mi vecina del quinto antes que ella fuera la que en su generosa palabrería me distraje del menester en el que estaba liada. La verdad que un buen jarabe de cebada, trigo, levadura, sería lo justo. Concluí.

-Y necesario, necesario. Me señaló con una decisión firme.

En cierta ocasión visité un restaurante muy famoso con estrella, ¡y todo!, en cuya tabla se escribía:” El banco de pruebas testa todas las intuiciones de… (¿?) (Voy a obviarlo, tampoco lo voy a contar todo). Solo las fórmulas más geniales y perfectas tienen un lugar en la carta. Aquí conviven en armonía las novedades y lo mejor de estas últimas décadas”. La presentación ya me gustó.

-Estoy con la moral a la baja. Dijo aquella vespertina vecina del quinto en un alarde señorial.

-¿A la baja? Si está siempre como las campanas de Santa Cruz, en el coro y repicando. Le dije sarcásticamente.

-Pues oiga, de verdad, estoy que no estoy. Tengo el ácido ibérico por las nubes.

-Jajajajaja… ¡será el ácido úrico!

-¡Mire que somos especiales! Nos inventamos cada “palabro” que no hay quien se entere de nada y eso aquí abajo en la Andalucía interna el reducir nombres, cambiarlos o buscar apodos es de lo más normal. Dijo en un suspiro la del quinto escenario vecinal.

-¿De qué me habla querida? Le dije saboreando una manzanilla con hielo.

-De los” fofisanos”. Un término inventado para evidenciar una realidad muy real y que después de ver tanto músculo, tanta tableta de chocolate se nos había olvidado que también existen los “fofisanos”, es decir los hombres que no tienen abdominales. Repelentemente señaló a su Don Hombre esparrancado a la sombra de su maravilloso umbráculo, saboreando como un haragán el hollejo de un racimo de uvas negras.

-Domingo de Pentecostés…Dijo mi rociera vecina del quinto.

-Y de María Auxiliadora…Proseguí

- Domingo electoral…Añadió

-Y de Pregón de la Eucaristía. Ya tiene que estar el Hermano de altos vuelos (Benjumea-Gómez Duarte, Rafael), en su paz interior rezando a los cielos benditos de esta tierra Mariana, en uno de sus grandes días. ¡Suerte Maestro!

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