-El tiempo pasa inexorablemente por todos. No hay nada que hacer. Dijo la del quinto.

-Ya está otra vez amiga.¿ Qué le vamos a hacer?. Bueno podemos tirar del botox, del Ácido hialurónico…

-Nada, nada, no cambio mi pastilla de glicerina por nada del mundo. Soy muy flamenca.

La trompetera, la enamoradiza, la que no tenemos, la que aumenta los niveles de serotonina- la hormona de la felicidad- la que pasa y no nos damos cuenta.

- Como la vida misma, vecina. Mascullé aquella mañana que me disponía a escribir un artículo que no sabía ni por dónde empezar.

- Vamos que ni “chicha ni limoná”. Nublado, no veremos el eclipse solar. Sonrió mirando al cielo.

-Que de plebiscitos, ahora unos y después otros. Me he levantado con levante así que no me contraríe que no estoy para monsergas, peroratas, o debates de los suyos. Arrasó en dialéctica mi estupenda vecina del quinto.

-Sólo iba a invitarla a una infusión. Pero viéndolas venir me di la vuelta.

-¿Qué le parece a usted Rivera? Dijo repiqueteando sus largas pestañas.

-Mi abuela estuvo en la presentación del Himno de Andalucía en Sevilla. Fue en el previo del estallido de la guerra civil del 36. Aseveró la del quinto entonando el himno andaluz. “La bandera blanca y verde; vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra”.

-¿Querida del quinto, me pregunto qué edad tiene usted?  Aún no lo he deducido. Señalé

-Pues de espíritu, probablemente, más joven que su persona. Dijo riéndose a carcajadas.

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