“Tipografía”

-Domingo de Pentecostés…Dijo mi rociera vecina del quinto.

-Y de María Auxiliadora…Proseguí

- Domingo electoral…Añadió

-Y de Pregón de la Eucaristía. Ya tiene que estar el Hermano de altos vuelos (Benjumea-Gómez Duarte, Rafael), en su paz interior rezando a los cielos benditos de esta tierra Mariana, en uno de sus grandes días. ¡Suerte Maestro!

Y esas últimas palabras me llevaron a reflexionar sobre las curiosidades de esta Écija única, que por ello también nos hace únicos a los que un día tuvimos la gran suerte de nacer en este trozo andaluz, patria chica para los que están fuera y gran capital para los que a veces la miramos de reojo o para los contemplativos de su arte en cualquier rebate de casa antigua.

Hace tan solo unos días nuestro amigo Fernando Atenciano, nos volvía a sorprender con la inauguración de la muestra de cuadros del genial torero del pincel y de la muleta de la barrera pictórica Don José López Canito. Una no tienen el gusto de conocerle personalmente pero sí su obra, y ¡óiganme!, la historia de la tauromaquia no se ha podido contar para mí mejor que desde la voz, el capote y los pinceles de tres figuras de la tauromaquia. Matías Prats, el genio de la comunicación, mis más antiguos me recuerdan como eran las retransmisiones de aquel genio del micrófono (al menos para mí, y admiradora  de toda su casta); Curro Romero, como faraón del albero y artista del tendido, único en sus tardes –de las que disfruté en numerosas ocasiones, no tantas imagino como el “Vita”, pero algunas sí-; y López Canito, el maestro de las brochas, la pasión hecha color en las gamas más hermosas nunca vistas, el amor al toro, al animal, a su belleza y a su raza, a su nobleza y a su embestida, todo en pequeños o grandes cuadros en los que se ha vestido de luces para plasmar la belleza la Fiesta de las fiestas. En resumen el toro como máximo exponente de un arte exonerado por algunos y festejado por otros.

-Oiga cómo recuerdo aquellas corridas en la Plaza de Toros, aquel Cañato, Pinichi, el matadero, coches por doquier, aparcamiento cero, gente de todos los sitios. Aquellas corridas de la feria de Mayo. Recordó la del quinto en un gesto de desmonte de montera.

-Querida vecina ahora donde no se puede aparcar es en el centro y el tendido se llena en la Peña de Curro Romero.

Hace unos días vi el cartel colgado de no hay billetes. Gente hasta en la enfermería y eso que no hubo ni percance y la temperatura acompañó. La gente se preguntaba que era tanto tumulto, los medios de comunicación, todos prestos a informar, señoras y señores de gala, cinta española para cortar… ¡Cuánto arte señores!

-Pues sí allí estuvimos mi Pepe y yo. ¡Ayayay mi Pepe!

Y tenía razón con horario de corrida nocturna allí estaban los toreros, los mozos de espada, el señor presidente, las mulillas, los aficionados, las autoridades, en fin todo un lujo para un festejo de alta categoría. Al ruedo de la Peña se lanzaba López Canito y eso que la oreja y el rabo estaban asegurados y si no me creen vayan y den una vuelta - a las cinco de la tarde, hora muy taurina como marca el reloj del templo taurino por excelencia de Écija, bueno o un poco más tarde, tampoco les voy a obligar a sofocarse en estos días- por una plaza en miniatura cargada del arte más puro nunca visto. Las obras de un genial pintor que ahora ya pueden verse otra vez en Écija. ¡No se la pierdan!

-Le invito, amiga, haga trasvase de organismo de solárium a solárium y disfrute de una buena faena, le aseguro que no se arrepentirá.

-¿Cómo? Le dije veloz como un caracol.

-¡Que salte usted la tapia, que no se entera! Voy a por la prolongación cárnica y gelatinosa del astado, cornigacho, bragado y jabonero. El mamífero más bello del mundo.

- A ver salto el muro y va ¿por?…Le dije.

-Rabo de toro, rabo de toro…

-Ainsssss, si estoy a dieta. Le dije con lágrimas en los ojos después de ver aquella fuente rebosante de un humante guiso que olía al quinto cielo.

-Pues hala tráigase el pan integral. Jajajajajaja

No me quedó otra claro que saltarme la dieta y los siete muros que se hubiesen interpuesto. Cómo iba a dejar pasar la ocasión de disfrutar de un manjar tan extraordinario, ni yo, ni vosotros seguro. Eso sí brindamos por Écija y su arte, por sus gentes y por sus artistas y sobre todo por el ingenio de los genios que nos presentan genialidades como López Canito.

Decía Rafael Gómez “El Gallo” que “la verdad del toreo es tener un misterio que decir y decirlo”. Aquí el misterio del toreo sabemos dónde hallarlo sin dudarlo. ¿El arte? ¿El arte? El arte está en la Peña de Curro Romero de Écija. Ahí, Ahí…

Besos

María del Valle Pardal-Castilla

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