La Democracia que tenemos es una mierda; o, al menos, eso es lo que mucha gente afirma. ¿La culpa?: de los políticos, según dicen. Sin embargo, como tengo la sana costumbre de pensar para llegar a mis propias conclusiones, me pongo a cavilar sobre el asunto:

¿No es la Democracia el Gobierno de los ciudadanos?; pues, si acabó en mierda, ¿no será que los ciudadanos la hemos cagado?

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Me puede, lo confieso. Para mí, es inevitable ese fenómeno –de tipo arcorreflejo- que se llama la “Asociación de Ideas”.

Por ejemplo, últimamente he visto cómo en Grecia un partido político que surgió de la Nada, prometiendo a los griegos el oroyelmoro y, sobre todo, enfrentarse a Europa y no bajarse los pantalones nialadetrés, ya tiene los calzones justito a la altura de los tobillos… y eso que, para hacer más presión -y con tal de gobernar-, a pesar de autoproclamarse de izquierdas, se asoció con el único partido griego de ultraderecha.

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Hay en mi pueblo una plaza
que aquí llamamos SALÓN,
que se ha convertido en guasa
del que por allí se pasa
por todo lo que pasó.

Antes era pura joya
de elegancia y de blasón:
coqueta, hidalga, señora,
quedaba en el corazón
de todo el que la miraba
o antaño la paseó
(los poyetes, los naranjos,
esas palmeras al Sol,
a la sombra soportales
que guardaban del calor
con encajes de ladrillos,
con arcos de relumbrón)...

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Comenzó la pesca: ya lo dije el domingo pasado. Llevamos toda la semana con la televisión y los periódicos llenos de sonrisas y hermosas promesas; titulares y manifestaciones a todos los niveles, que deberíamos analizar, aunque sea muy brevemente:

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