Como nuestro idioma es tan rico y siempre procuro utilizar los términos del vocabulario a medida, por peyorativo, no le llamo tonto a cualquiera. A quien padece un problema de carácter psíquico, lo llamo discapacitado; al que, con sus actos involuntarios, provoca una reacción o un efecto inesperado y adverso, lo llamo despistado y, si me aprietan, malange. Así, el calificativo de tonto, me lo guardo directamente para el imbécil, para al que piensa un daño gratuito y lo hace, para el que llega a provocarlo voluntariamente.

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Cuando, antes de las últimas Elecciones Municipales, escribí unos artículos sobre la opinión que me merecía Podemos, Pablo Antonio Fontales, Secretario de esta Formación en Écija, me pidió que nos sentáramos para hablar del asunto. Yo, pensando que se sentiría más a gusto y en respuesta a sus deseos, lo invité a cenar con unos amigos.

Como mis contertulios habituales suelen ser bastante peleones, en la cena hubo de todo; precisamente por eso y, como anfitrión que me sentía, procuré guardar un silencio respetuoso, mediando en lo posible aquel debate con brevísimas intervenciones. Sin embargo, cuando ya finalizaba, Pablo se dirigió directamente a mí y me pidió que hablara, porque –según él- lo que le interesaba, tras leer mis artículos, era mi opinión, pues creía que ambos coincidíamos en lo fundamental de la Filosofía Política. “¡Convéncete, Paco! –me llegó a decir-, ¡ tú eres de Podemos!”.

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En la Diada se ha visto. Lo que era el Día de todos los catalanes, se ha convertido en un instrumento excluyente de los acólitos de Arturo Más, para sus propósitos, sus proclamas y sus gritos.

Es una lástima pero, si lo pensamos, también es algo lógico. Este hombre ha venido a montar jaleo para que no se adviertan sus cagadas y, para ello, no le importa en absoluto dividir a los catalanes con los españoles y a los catalanes entre sí. Es un liante, un levantamuros; porque Más es un político que no construye puentes que nos acerquen o paredes que nos protejan, sino muros que nos dividen torpemente y, lo que es peor, que pretende afianzar con los pilares de la ira, la manipulación, la diferencia xenófoba y los agravios desinformados. Mala argamasa la suya para un muro tan pesado. Casi seguro que, cuando caiga, aplastará a un montón de gente inocente. Después, quedarán los escombros y cualquiera sabe lo que tardaremos en retirarlos.

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