“Tipografía”

Desde hace algún tiempo me resulta difícil ponerme ante el teclado para analizar la actualidad, porque mis análisis los procuro desde la Razón y no encuentro racionalidad en nada de lo que está pasando.

Este desencuentro entre mi conciencia y la irracionalidad siempre me ocurrió. Recuerdo a mi querido amigo Paco Serrano en una asamblea del P.A., en la que fuí elegido como delegado por Écija para un Congreso nacional del Partido, espetándome con esa mijilla de guasa -que yo siempre le disculpo porque me resulta simpática-: “¡Ea, pues ya tienes la licencia para representarnos a todos y acabar haciendo lo que te salga de los cojones!”… y es que Paco me conocía. Por muy bien que trabajásemos en equipo, por mucho respeto y lealtad con el que, durante veinte años, procuré representar y servir al P.A., siempre antepuse mi conciencia y la Razón a la Ideología. Paco lo sabía y yo también; por eso tuve tantos quebraderos de cabeza y acabé marchándome: porque comprendí que no soy político de partido.

Quizá por esto me resulta tan difícil digerir los acontecimientos que nos están atropellando en avalancha: porque, como ahora son tantos en coalición -y cada cual sirve a su propia ideología  y a sus intereses- lo que debería tener un mínimo viso de lógica para poder ser analizado con perspectiva y objetividad, resulta inviable al razonamiento.

La gestión que está realizando el Gobierno de España, está sujeto a partidos -no sólo distintos sino contrarios entre sí-, cautiva por intereses antagonistas, hipotecada por prioridades demenciales que nadie entiende y que no tienen nada que ver con los verdaderos problemas que nos afectan ni con los intereses generales del conjunto de los españoles. Una gestión de acoso y derribo de un Sistema Constitucional que ha mantenido a nuestra Sociedad unida en el respeto, la tolerancia y la reconciliación. Un acto destructivo anunciado -que eso es lo peor de todo- por los que siempre fueron enemigos declarados de la Constitución y lo que esta representa.

Este ataque -que necesita la complicidad explícita del Gobierno de la nación- se está produciendo a través de continuos agravios, confrontaciones, provocaciones, actuaciones y acuerdos que, cada vez, afectan más gravemente al prestigio de España y sus Instituciones, la credibilidad de la Justicia, la imagen de las Fuerzas de Orden Público y la Unidad de los españoles.

Hasta tal punto han llegado estas acciones que, cada día advertimos -con mayor sorpresa- cómo se tambalea nuestra Carta Magna, cómo se agrava la fractura social y territorial, cómo resulta más patente el intento de silenciar nuestra Lengua identitaria, el empeño por adoctrinar nuestra Educación o la descarada insistencia por obstaculizar nuestro Futuro con zancadillas de zurraposos.

Pero lo más triste es que, si consideramos todo el mal que -sanitaria y económicamente- estamos sufriendo con el Covid (en cada comunidad, en cada pueblo, en cada barrio y en cada casa) y que esta gente está aprovechando la situación para ganar terreno -poniendo en marcha aquellas otras prioridades, sobre las del tratamiento de la pandemia y sus consecuencias-, se me antoja la ¿gestión? de este (des)Gobierno en el mundo al revés, en un patio de monipodio plagado de macarras irresponsables, en una orgía de ratas de alcantarillas.

Por eso es tan difícil para mí entrar en el análisis de lo que está pasando: porque mientras yo intento la perspectiva de una Razón para mi Conciencia, lo que observo es el banquete que se están dando estos buitres, con el gazpacho que han majado con tantas ideologías y tantos intereses vomitivos. Sólo presentir tal majada, me obliga al omeprazol urgente.