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    Francisco Fernández-Pro: Letras breves… El miedo de la democracia

    Hace muchos años –a finales de los setenta- me propusieron, por primera vez, la lucha Política. Por aquel entonces, casi todos los jóvenes éramos vírgenes en estos asuntos, pero teníamos claro dos cosas: que había que aprender de los que ya llevaban años luchando y que había que arrimar el hombro para salir adelante, codo con codo, con otra gente de muy distintas tendencias; porque, lo que realmente importaba, era consolidar definitivamente en nuestro país un Sistema Democrático que funcionara.

    Aprendimos, así, que una Democracia tiene que construirse entre todos, cediendo muchas veces y anteponiendo el bien general al propio. También, que el derecho más sagrado del hombre –junto al de la Vida- es el de la Libertad y que, por eso, la Democracia no sólo debía construirse desde la libertad individual de cada ciudadano, sino que lo primero a lo que estaba obligada, era a garantizarla. Una Libertad que se podía materializar en un Voto que nos daba el derecho a elegir a nuestros gobernantes y la forma en que queríamos que nos gobernaran. El Voto, entonces, no sólo se convirtió en objetivo prioritario, sino en el instrumento fundamental de este Sistema que otorgaba el verdadero Poder a los ciudadanos, a través de esa elección libre y personal.  

    Más aquella lucha de entonces (del verbo “luchar de verdad”) nos enseñó, también, que todos los derechos ciudadanos llevan aparejada una obligación; y que el voto que emitíamos, nos obligaba a respetar la decisión mayoritaria de las urnas. Este derecho y esta obligación son, a la postre, los pilares básicos de nuestra Democracia y garantizan la Libertad individual de cada ciudadano y el respeto que nos debemos.

    Hago repaso de todo esto, porque tras el batacazo electoral de Podemos del pasado domingo, las caretas del disimulo han caído y, como vengo advirtiendo desde hace meses, esta gente es lo que es y, por desgracia, no es ninguna otra cosa. El fascismo encubierto ha estallado como un petardo, comenzando con los disturbios que algunos de sus satélites ocasionaron la misma noche electoral y siguiendo, después, con un montón de descalificaciones que nos llueven por todas partes y no cesan.

    Al calificativo de “gilipollas” con el que Pablo Iglesias definiera a los votantes del PP en 2012 y que abrió la veda, iniciando las escaramuzas dialécticas, han pasado a las lindezas que ahora se les ocurren a sus partidarios y que van desde “putos fachas de mierda” (por votar una opción distinta) a recomendaciones gerontofóbicas como la de “matad a vuestros abuelos” (por sospechar que su derrota se debió al voto de nuestros mayores).

    Algunos de ellos, menos violentos y más pseudointelectuales, apelan al monopolio de la ética y la sabiduría. Risto Mejide le confiesa al votante de derechas: “me da vergüenza tu voto” (como si la libertad de cada cual no tuviera su propia conciencia y su vergüenza y él estuviera dispuesto a cargar con la culpa de los millones de españoles que votaron al PP). Mientras, la líder podemita, Mónica Oltra, acusa a estos votantes de “amparar a presuntos delincuentes” y José Julio Rodríguez -el general de Podemos- sentencia que “los votantes del PP no tienen ética”; y ya, en el colmo del dislate más esperpéntico, un actor venido a menos, hasta intenta sembrar la duda sobre un posible pucherazo (por lo que se ve el hombre no entiende que, legítimamente, se puede perder),… y, así, hasta el infinito de la inquina, la sinrazón y la fobia hacia todos los demás.

    Visto el espectáculo que nos están dando, creo que lo único en lo que han acertado los líderes podemitas que se manifestaron de esta forma y sus adláteres, es que muchos de nosotros hemos renunciado a votarlos por puro miedo: ¡sí, señor!… miedo al retorno del fascismo.

    Pero compréndanlo: después de luchar tantos años por una Democracia en la que todos pudiéramos votar libremente y ser respetados por nuestras ideas, es lógico nuestro temor cuando somos violentados e insultados por ejercer nuestra libertad y votar cualquier opción distinta a la que ellos quieren que votemos.

    ¿Comprenden ahora este miedo? Es que la cosa es para echarse a temblar (y digo temblar, porque soy hombre orondo y las piernas no me responden para salir corriendo).

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