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viernes ,24 mayo, 2024

Francisco Fernández-Pro: Letras breves… El Dios de París

Desde el viernes pasado, la televisión no deja de bombardeados con terribles noticias sobre los yihadistas: los de Paris, los de Bruselas, los de Roma, los de Siria, los de Mali,…

No dejamos de ver imágenes curiosas: unos políticos –los de fuera- que cantan a una el himno de la Libertad y la Fraternidad (¡qué envidia!), mientras otros –los de dentro- ambiguos, como siempre, tratando de nadar y guardar la ropa (¡qué pena!); unos militares que dedican las bombas con las que matan; o un padre –de aspecto asiático- intentando convencer a su hijo de corta edad de que a las balas hay que responderle con flores, mientras su chiquito –con paciencia y sabiduría asiática- lo mira incrédulo, como advirtiéndole de que las flores, sólo sirven para entendernos con los jardineros.

Más, como si fuera un bálsamo, nuestra televisión nos regaló esta semana una película sobre Vicente Ferrer y un programa emitido la noche del viernes, en el que el Padre Ángel, fundador de los “Mensajeros de la Paz” (al que me une un cierto conocimiento y mucho afecto), habla del Dios que conoce y lo hace sin desgañitarse, sin falsete, sin grandilocuencia, con su sonrisa grande y perenne en los labios (casi de niño travieso), sin ningún tipo de rencor, increíblemente manso.

Es verdad que Dios es grande, sí –Alá es grande-, pero no porque así lo desgañitan quienes siembran tanto dolor y revientan a petardazos las vidas y las esperanzas ajenas, sino porque,  para demostrarlo, pasan por este Mundo hombres como el Padre Ángel o Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta o Mahatma Gandhi o Martin Luther King… que tanto lucharon y luchan para que las vidas de los demás puedan conocer esa Esperanza.

Pero los hombres estamos demasiado acostumbrados a modelar dioses a nuestra medida: a los de nuestra intolerancia, nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestros intereses. Es el dios pequeño que creamos y que llega a todas partes donde el hombre habita, llevando sobre sus hombros toda la impedimenta de los hombres. Es el dios del viernes parisino: el dios minúsculo –no Dios- de la muerte, el de la venganza, la ira, el odio desatado contra todos los otros; el dios arbitrario de la venganza indiscriminada; el de la desesperanza y el espanto: el dios indeseable –no Dios- del pánico; el de los ríos de sangre por los bulevares. Es el mismo dios que estuvo antes entre los cruzados y construyó los calabozos de los inquisidores, llenando los siglos de intolerancia y despropósito; el dios –no Dios- que, de tanto responder con el ojoporojo, provocó tanta ceguera entre hombres.

Lo decíamos ayer: Dios es el Amor o no puede ser otra cosa. Ese otro dios infinitesimal es la antítesis del Amor que Dios es, porque dice el Libro Sagrado del Corán que, de los noventa y nueve nombres de Alá, Él no sólo es el Clemente y el Indulgente, sino que “Es el Compasivo, el Misericordioso, el Rey, el Santísimo, la Paz, Quien da Seguridad, el Custodio, el Poderoso, el Fuerte, el Sumo. ¡Gloria a Alá! ¡Está por encima de lo que Le asocian! Es Allhá, el Creador, el Hacedor, el Formador. Posee los nombres más bellos. Lo que está en los cielos y en la tierra Le glorifica. Es el Poderoso, el Sabio.” (Corán 59:22-24)y este Dios, no es el dios del viernes de París.

Francisco Fernández-Pro

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