“Tipografía”

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Desde la apertura de la avenida Miguel de Cervantes, en 1912, las ferias ecijanas, -tanto la extinta de mayo como la de septiembre- tomaron esta vía urbana como el centro de la actividad ferial. La portada se instalaba al comienzo de la avenida es decir, en la propia Plaza Mayor. A lo largo y ancho de la misma quedaban los más variopintos puestos feriales. No faltaban los de turrón, juguetes, venta de alimentos y los de los aguadores que pregonaban la procedencia del líquido (“agua de la barranca” “del Trillo” o de la fuente de “Gallardo”). La función de estos puestos era proveer agua a los viandantes que, por una módica cantidad de dinero, podían beber en los botijos de forma “que a real se podía tragar hasta la jartá”.

No debían andar las arcas municipales con suficiente presupuesto para organizar la feria, toda vez que a través del periódico local Nueva Écija* el alcalde se dirige a los ecijanos con este tenor: “Para que la feria no desmerezca de las anteriores, preciso es que el vecindario acuda con mano generosa, como otras veces, subvencionando esos festejos que serán fuentes de riquezas para todos y que el Ayuntamiento, por sí solo no puede organizar con el lujo y grandeza que desea, pues sólo cuenta para ello con una subvención de 2.399 pesetas y 38 céntimos a este fin, y para evitar molestias al vecindario, se invita al comercio, sociedades, labradores, industriales y a todos los ecijanos, en fin, para que desde hoy hasta el último día del presente mes, se pasen por la secretaría municipal indicando la suma que piensa contribuir al objeto de saber, siquiera sea aproximadamente, la cantidad con que se cuenta para los festejos. Y concluía el bando con este párrafo: Este Ayuntamiento confía en el patriotismo de todos, para que Écija pueda organizar un festival que no desmerezca del realizado en la feria de septiembre del pasado año. Una nota de la redacción al pie del bando exortaba a los ecijanos a concurrir a esta feria y lo hacía de esta forma “Ahora lo que falta es el pueblo, que es el que se beneficia, acuda al llamamiento que se le hace, pues de no acudir y de resultar la feria una mala velada, culpa será de los que no acudan, los cuales, no tendrán derecho a censurar, pues ellos serán los censurados…”. Los ecijanos tuvieron que acudir a la llamada de la primera autoridad local, pues se pudieron organizar todos los festejos, incluidos los fuegos artificiales.

Los medios escritos de la época nos hablan de unas jornadas brillantes y festivas. Para mayor esplendor de los actos la banda Municipal de música interpretó los toques de alegres dianas; y la banda del Regimiento de Granada ofreció varios conciertos. Esta banda desfiló a su llegada desde la estación del ferrocarril a la Plaza Mayor.

No faltaron las compañías de Ópera y Zarzuela que tuvieron lugar en el teatro municipal. El circo con el nombre de “La Alegría” fue instalado en la Plaza de la Concepción. Según las crónicas, con “llenos rebosantes”. En esta feria se celebraron los tradicionales mercados agrícolas y de ganado en los llanos del Valle. Los fuegos artificiales estuvieron a cargo del afamado pirotécnico valenciano Manuel Gómez Sanz y, según las crónicas, “fueron muy buenos en fuerza, brillantes, dibujos de las piezas y combinación de colores. Bien lo apreció el público, que, entusiasmado aplaudió como se merecía la fiesta que presenciaba”.

*Archivo Municipal. Prensa. Nueva Écija 13 de junio de 1912.

La avenida Miguel de Cervantes, “la calle Nueva” Cien años en la memoria. Juan Méndez Varo.

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