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Desde muchos años existía en la sacristía de la Iglesia de Santa María, un cuadro de la Virgen del Pilar Patrona de la Hispanidad de gran devoción. Su párroco Francisco Domínguez, con el fin de hacer más tangible esa devoción encargó al escultor sevillano Cayetano González, una imagen de talla que durante muchos años, procesionó por las calles de nuestra ciudad.

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El Ayuntamiento de Écija mandaba imprimir los presupuestos ordinarios para el general conocimiento de los ciudadanos. Hasta nosotros ha llegado un ejemplar correspondiente al año 1951 en el que se especifican de forma pormenorizada tanto los ingresos como los gastos. El presupuesto -aprobado en sesiones celebradas los día 29 de octubre de 1950 y 4 de enero de 1951- ascendía a 3.677.722,64 pesetas. En el capítulo 2 aparece la asignación destinada al alcalde por importe 25.600 pesetas. Los tenientes de alcaldes y concejales jurados no tenían ningún tipo de asignación. El capítulo 4, lo integraban los gastos de la policía urbana y rural, alumbrado y servicios eléctricos y mecánicos, mercado y puestos públicos, alhóndiga, matadero, guardería rural, prevención y extinción de plagas del campo, extinción de animales dañinos.

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La I Fiesta del Algodón tuvo lugar en 1961, incorporándose a la centenaria feria de septiembre. En la Plaza de Santa María, frente al monumento de la Virgen del Valle, se alzó el trono y el dosel, destinados a ser ocupado por la reina y sus damas. En coches enjaezados a la andaluza, llegó el cortejo real acompañado de la Corporación Municipal escoltado por los maceros del Ayuntamiento y haciendo su triunfal entrada en la plaza bellamente engalanada a los acordes del himno de la ciudad, interpretado por la Banda Municipal.

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Desde la apertura de la avenida Miguel de Cervantes, en 1912, las ferias ecijanas, -tanto la extinta de mayo como la de septiembre- tomaron esta vía urbana como el centro de la actividad ferial. La portada se instalaba al comienzo de la avenida es decir, en la propia Plaza Mayor. A lo largo y ancho de la misma quedaban los más variopintos puestos feriales. No faltaban los de turrón, juguetes, venta de alimentos y los de los aguadores que pregonaban la procedencia del líquido (“agua de la barranca” “del Trillo” o de la fuente de “Gallardo”). La función de estos puestos era proveer agua a los viandantes que, por una módica cantidad de dinero, podían beber en los botijos de forma “que a real se podía tragar hasta la jartá”.

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