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-Safa, sí que puede y además decirlo en voz alta, es cincuentenaria y con arte.

-Pues sí. Afirmé a mí vecina del quinto en un recuerdo al viejo Cañato -o Cañatos como diría mi hermano en la distancia Rafael Bermudo Montero-a aquella cuesta añeja que tantos recuerdos me trae a la memoria.

-Mis niños subían la cuesta del brillante hacía aquel descampado que nos parecía tan lejano y hoy tan cercano. El babi azul, aquellos deportes Yumas, Paredes o Victoria… aquellas rodillas “despellejás”, la caseta de feria, la discoteca, el carnaval, ¡¡¡ainsss madre!!!

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-… en mi pecho yo llevo una flor, no te importe el color que ella tenga, porque al fin tú eres madre una flor…Cantaba aquella añeja canción de Machín, la primera mañana de mayo mi querida del quinto entre olor a lavanda y té.

-Buen día. ¿Qué tal el mundo hoy querida? Le dije desde el otro lado del muro que separa nuestras íntimas vidas.

-El mundo genial, ya en mayo; sigue su curso la vida, el tiempo, la primavera…Dijo cortando un ramillete de pequeñas flores por las que no me interesé.

- “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”…

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-La historia se repite. Ya han pasado otros cuatro años. Y en este preciso momento comenzamos a sufrir el síndrome de “¡esto no lo he hecho!”,  ¡oh my god!

-Pues debería de haber hecho lo que debía hacer, y no haber hecho lo que no tenía hacer. ¡Querida del quinto  habrá tenido tiempo! Le dije sin contemplaciones, en un siroco vespertino que me insufló un desproporcionado malestar, no hacía ella sino recordando la apertura de la veda que siempre tolera el volátil nuncio en vez de los lémures que vivifican de un pasado no muy lejano. Y esto me trajo a la mente el capítulo quinto del hidalgo Quijano en el que "tras haber sido apaleado por el mozo, don Quijote no sabe qué hacer, pero entonces se acuerda de un episodio de una novela de caballerías y comienza a revolcarse en la tierra y recitar versos. Mientras, pasa un labrador que es un vecino suyo, pero don Quijote lo confunde con un personaje de un libro, y sigue con su romance. Su vecino lo reconoce como el señor Quijana y le quita la armadura para ver si está herido. Cuando el vecino lo lleva a su casa, allí encuentra al barbero, al cura, al ama y a la sobrina, quienes creen que don Quijote se ha vuelto loco por leer tantos libros de caballerías y que deben quemar sus libros”.  En resumen, mi sirocos provienen de las locuras de los lémures, lémures…

-Oiga que sólo le digo esto por…

-¿Por? Señalé

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-El tiempo pasa inexorablemente por todos. No hay nada que hacer. Dijo la del quinto.

-Ya está otra vez amiga.¿ Qué le vamos a hacer?. Bueno podemos tirar del botox, del Ácido hialurónico…

-Nada, nada, no cambio mi pastilla de glicerina por nada del mundo. Soy muy flamenca.

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Joyeria Ramos