“Tipografía”

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-¡Cómo aprieta el verano! ¡Querida vecina!

-Lo que nos toca cada año por estas fechas. Le señalé aquella mañana en la que igual que mi contigua regaba nuestro habitáculo favorito. Recinto de charlas matutinas y vespertinas.

-No hay que quejarse. El calor va con nuestra cultura y nuestra forma de ser. ¡Agua y abanico!

Y de abanicos, verano y de arte se señaló la charla de nuestra despedida veraniega. Me dijeron un día que definir el arte es muy difícil. El arte, escribieron, es la expresión de alma que desea ser escuchada. Este mes mi amigo y admirado pintor –mi pintor favorito que así lo llamo-José Luis Jiménez Sanchez-Malo nos enseña parte de ese oficio que a veces ni el propio artista sabe que posee. En el caso de “Josele” ,así llamado por muchos, ese arte rebasa las fronteras a base de una magnífica colección de abanicos pintados a mano salidos del renombrado arte y de la paciencia de un hombre que de manera minuciosa es capaz de traspasar el hilo y hacernos ver que esa maestría se puede incluso llevar puesta.

Los abanicos se popularizaron en el siglo XVIII, dejando de ser un complemento exclusivo de las clases altas, para ser usado por todo el mundo y fabricados con madera de vuelo corto y país reducido.

-Los abanicos en verano, son como mi muleta, un complemento más.

-La muleta la tiene en el suelo. Cuidado amiga del quinto se vaya a caer de nuevo.

-No se preocupe la tengo ahí descansando. Jajaja.

Pues como le decía hay dos leyendas que señalan el resurgir del abanico en Oriente. Una cuenta que durante la “festividad de las antorchas”, la hija de un mandarín, tenía tanto calor que agitó el antifaz que la cubría, sin ser vista  -por estar prohibida su visión a los hombres- y refrescó el aire que la rodeaba; el gesto fue imitado por el resto de las damas que la acompañaban y de ahí surge la primera de las leyendas en torno al abanico. La segunda nos remite a Japón []y se refiere  al origen del abanico plegable. Cuenta que una noche calurosa en caso de un artesano de abanicos entró un murciélago  que se estrelló contra un candil. Al día siguiente el  artesano, curiosamente interpretó las membranas plegables de las alas del murciélago en la elaboración de un abanico. Lo curioso, sea este o no su origen, es que los abanicos plegables en Japón son llamados “Komori”, traducido al japonés “murciélago”.

-Que de curiosidades. Está hoy que lo tira por la ventana.

-Pues no querida es solo historia fresca.

-¿Fresca? ¡Es lo que hace falta que me llame!

-No, lo digo porque lo leí hace poco y porque José Luis me lo ha refrescado con su exposición.

-¿Qué José Luis? ¿El Señor Gitano?

-Ayayay madre ya me empieza a liar. El pintor, querida, el pintor. Dije

-El acuarelista que veo por todos los rincones. Si voy a la Plaza allí está; que voy al banco en Aguabajo, allí está; que voy al Museo, allí está…Ese hombre es impredecible. Todos los días pinta que te pinta.

-Pues con las claritas del alba ya va con su banquillo y sus trastos buscando la mejor luz, el mejor momento y el lugar perfecto. Afirmé.

José Luis Jiménez Sanchez- Malo ha hecho de la pintura un estilo de vida .Una forma distinta de concebirla. Ver su pintura te transporta a momentos pasados y a descubrir detalles que sólo los ojos de un perfecto artista es capaz de captar ante los desapercibidos sentidos de los ciudadanos. Hoy desde estas líneas les invito a que pasen por el Palacio de Benameji a ver una muestra única, no sólo por ser de abanico pintados a mano, que ya implica dificultad para aplicar la técnica, sino a disfrutar de la esencia de momentos captados por el Genial “Josele” y de otros geniales como Sorolla, y sus niños en la playa por ejemplo-una auténtica joya-. Pero además podrán disfrutar de escenas típicas ecijanas, de tardes de campo, caballos, y retazos de arte puro de Villegas, Degas o Gonzalo Bilbao.

Arte es, entre otras cosas, arte y en Écija lleva el nombre de José Luis Jiménez Sánchez-Malo.Felicidades.

Hala nos marchamos, hoy las dos. Es hora de cerrar el chiringuito y abrir otras rutas veraniegas. Brindamos por vosotros los que hacéis arte y lo sabéis plasmar con la pluma o la pintura. La sátira y el juicio en un texto que nos ha dejado durante meses ser libres en nuestro pensamiento y que desde el subterfugio que dan las letras hemos evadido al Diablo, que por Cojuelo, siempre es el rey y señor de esta fiel servidora.

Adiós Queridos.

¡Feliz Verano!

María del Valle Pardal-Castilla

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