“Tipografía”

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-Estoy con la moral a la baja. Dijo aquella vespertina vecina del quinto en un alarde señorial.

-¿A la baja? Si está siempre como las campanas de Santa Cruz, en el coro y repicando. Le dije sarcásticamente.

-Pues oiga, de verdad, estoy que no estoy. Tengo el ácido ibérico por las nubes.

-Jajajajaja… ¡será el ácido úrico!

-Al ácido yo lo llamo cómo me place y el mío es ibérico, como yo. Refunfuñó.

-Pues me parece bien usted a lo suyo llámele como quiera que los demás seguiremos la rotación del mundo tal cual. Dije con media sonrisa.

-Me he doblado el tobillo, ¡estoy fatal! Dijo

-Se habrá doblado el pié.

-¡Uisssssss, que voy a saltar la tapia, de medio metro, en cero coma dos…! Ayayay.

-¿Quiere una manta eléctrica?

-¿Para qué? ¡Con el calor que hace! Señaló mirándome de soslayo.

Estaba visto que aquella tarde no estábamos llamadas a entendernos así que resumimos la semana en lo de “cerrar la olla” cuando se cocina. Y diréis vosotros, amigos lectores de estas letras que somera chorrada, pues lo mismo me ha parecido a mí eso de que en la presentación gubernamental de la campaña “un millón de compromisos por el clima” se haya escuchado la “gran chorrada” relacionada con el cambio climático, en el día del Medio Ambiente, cuando uno de los participantes recomendó cerrar las ollas mientras se cocina.

-¡Si hombre, como para dejarla abierta! ¿Se imagina los garbanzos, la berza, la “pringá” en mi olla exprés abierta?¿Dónde pongo mi maravillosa pesa?. Vamos como el chiste de Paco Gandía y aquel niño en una plaza de toros, cualquiera, que echó por la boca lo más grande en cocido visto. Que no, que no, que no estamos. Vaya, vaya.

Un gran absurdo, ya que normalmente cuando uno cuece los alimentos en una olla debe cerrarla para hacerlo en menos tiempo, ahorrando también energía. Todos estamos de acuerdo, ¿A que sí? Seguro que fue la mente privilegiada de algún iluminado.

Pero la cosa no queda aahí esta semana también hemos o vamos a celebrar la fiesta del Corpus Christi. Digo hemos porque hay quien la celebró el jueves, cuatro de junio, y quienes la celebrarán el domingo siete de junio. Resulta, como diría mi madre, que la cosa empezó cuando un Gobierno (no me pregunten cual) decidió que ni el jueves de La Ascensión ni el Corpus serían fiesta laboral.

-Qué pena dos de los tres jueves del año que relumbran más que el sol ¡Y con lo que nos gusta una fiesta! Señaló en su quinta gloria.

Pues, creo, porque hablo de memoria-y cada vez me falla más- que fue la Conferencia Episcopal Española la que pidió a Roma el pertinente permiso para trasladar la Fiesta del Corpus. Por tanto el Corpus es el domingo, no el jueves. Así el cuatro de junio ocurre que fue fiesta civil, en Sevilla -por ejemplo- pero no fiesta cristiana de precepto.

- Ozú que lío.

También he leído esta semana una noticia sobre un asunto que trataba la ONU. Era algo que venía a decir así como que quería que comiéramos menos y peor, para salvar al planeta. ¿Esto cómo se explica? Pues la verdad que ni después haber leído el artículo varias veces me quedó claro el objetivo, pero venía a decir algo así como que había que “ producir todos los alimentos posibles para matar el hambre en el mundo y que luego ya se plantearían el medio ambiente”.

-Pues mire a mí lo que me preocupa es que tiremos alimentos. Así estoy .¡Engordo de pena!.

-¿Cómo que de pena?

-Pues hija que sobra un poco de ensalada, me da pena tirarla, me la como; que sobra un poco de chorizo, no lo tiro, no, no, eso ni por pena, también me lo como...y así estoy.

-Es usted un crack. No deja de sorprenderme. Tiene la chispa de Santa Teresa, he leído que en cierta ocasión, mientras toda la Comunidad comía, oyó que una religiosa daba suspiros muy devotos. La llamó desde su asiento y le dijo con mucha gracia: “Hermana mía, aquí hemos venido a comer, no a suspirar. Hay que comer cuando comen todas y el suspirar, a solas”. Y recuerdo otra que por disfrutar de la comida la superiora de su convento le obligó a suspender el ayuno. “Bajo santa obediencia le mandó que almuerce una tortilla con torreznos”. Y la santa contestó: ¿obediencia y torreznos? ¡Sea muy enhorabuena!”.Pues usted en la misma línea querida.

En fin hoy nos marchamos y lo hacemos con un refresco muy popular en la mano, ahora en no sé qué aniversario y de manera muy progre nos lo presentan como “Llega Ella”, no entiendo lo mismo significa que voy a tener visita o que se yo. Un auténtico disloque que me tiene hoy los isquiones bastante maltratados. ¡A correr se ha dicho! ¡Feliz Semana queridos!

Besos.

María del Valle Pardal-Castilla

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