“Tipografía”

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El vapuleo de los últimos meses ha sido de aupa. Todo esto de Cataluña, ha traído tanta cola que creo llegado el momento de hacer una brevísima, pero necesaria reflexión.

Pienso, por ejemplo, que ha sido un desastre la actitud de algunos partidos políticos (por no decir, todos). Los unos, por pusilánimes y conformistas; los otros, por manipuladores y provocadores; estos, arrimando las ascuas a su sardina; aquellos, negándole a los demás –y de paso a la Justicia- la candela y el pescado. Hubo momentos, que algunos políticos me parecieron mojones (sí, mojones como se quieran entender: de los que, en la carretera, sólo sirven para estar tiesos. Indicando siempre lo mismo;… o de los otros, que apestan a legua, rodeados de moscones que comen de ella)

Sin embargo, en todo esto, han sobresalido algunos políticos de talla inesperada e inconmensurable. Por arriba, Inés Arrimadas que, no sólo habla como Castelar, sino que –como ya colgué, aprovechando la ocasión- tiene más pelotas, ella sola, que todos los utilleros del Barza y el Español juntos. Aunque siendo andaluza por los cuatro costados, hija de la solera de Jerez, ya podría venirse para acá y arreglarnos un poquito la Junta de Andalucía Por mi parte, tengo prometido públicamente que, si se viene, la voto.

Otros políticos destacaron por abajo, a la hora de demostrar la talla, mostraron su bajeza. Alguno, quiso pasar hasta de puntillas sobre el asunto (¡y mira que era importante!) y, lo peor, se dedicó a buscar culpables para poder seguir diciendo lo mismo de los de siempre y, al final, acabó practicando la inopia y buscando mártires por los estercoleros.

Más, al final, cada cual está donde debe estar porque, en política, el tiempo siempre pone a cada uno en su lugar y nos advierte de la razón o la sinrazón de los argumentos que cada cual esgrime. Otra cosa es la vista que tengamos para verlo.

Sin embargo, es verdad que, de alguna forma, toda esta gente que ha montado el pitote (que, esperemos, no llegue a más de lo que debe llegar), nos ha hecho un gran favor a los españoles, porque nos ha despertado como Comunidad. Hacía muchos años que la gente no sacaba las banderas a los balcones, ni salía a la calle con valentía, ni tatareaba el himno con orgullo (sin complejos por que el hambre se nos comió la letra). Hacía tiempo que no sentíamos este orgullo sin que mediara una gesta deportiva. Incluso se ha conseguido provocar el pellizco duro en el estómago o el grato escalofrío, al ver desfilar a nuestras fuerzas del orden público y a nuestro ejército.

El otro día, alguien me arrancó una sonrisa y creo que, después de tanta tensión, buena puede resultar para finalizar este artículo. Un cibernauta agradecía a Puigdemont que lo hubiera trastornado hasta el punto de que, bajando la cuesta de Carmona, un Guardia Civíl le hubiera puesto un multazo y lo único que se le ocurrió fue salirse del coche y darle un abrazo… y es que, desde luego, estos últimos días, lo del patriotismo a algunos incluso se les está yendo de las manos.

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Joyeria Ramos