“Tipografía”

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Sucedió uno de estos días, cuando todos andábamos revueltos con las noticias sobre el invento de la secesión catalanista. Se obró el milagro.

Fue el viernes, en el Palacio de Benamejí de Écija. Un solo hombre, con el prodigio de la Palabra, hizo que más de ciento cincuenta personas, nos olvidáramos por más de una hora de tanta mala leche y tanto desvarío.

Luis Joaquín Rebolo González, nos habló fue del Espíritu de María, de Cristo y de su Resurrección; y, además, lo hizo no de cualquier forma, sino sabiendo bien lo que decía (cosa extraña en esta materia como en tantas otras)

La conferencia se titulaba “Razones para la Esperanza, Écija, Pasión y Luz”; y, en medio de un absoluto silencio de los que llenaban las sala -incluso sin asientos-, desarrolló el análisis sobre la simbología e iconografía pasionista y mariana tan particular que, casi desde el principio del cristianismo (con su influencia clásica-culta y bizantina), le habían otorgado a las imágenes, a los retablos y a las representaciones y pasos ecijanos, una particular forma de ser, una lectura propia, difundida por toda el área de influencia de su antigua Sede Episcopal y que se fue desarrollando durante siglos.

      Si lo pensamos, tiene miga: Luis disertó sobre el modo particular, la comprensión distinta que Écija tiene del arte religioso al servicio de la esperanza. Es decir, el mensaje espiritual que, a través del arte, mantiene viva y palpitante la experiencia de Fe acrisolada a través de casi dos mil años de cristianismo en esta ciudad. Sin duda, una catequesis fundamental para todos los ecijanos y, sobre todo, para todo aquel que se mueva en el mundo cofrade; porque mucho me temo, que más del 95 % de la población desconoce lo que escuchamos el viernes (yo, desde luego).

¿Por qué nuestras azucenas, nuestros tronos, nuestras ráfagas, las medias lunas, nuestras canastillas, las formas de nuestra candelería, los cristales de roca, los materiales de nuestras cruces,…? ¿Por qué hemos cambiado nuestra iconografía, basada en la Teología más clásica y más antigua, por la sevillana, que no tenía nada que ver con la nuestra?

Siendo un acto organizado por el Colectivo de Pregoneros, mis compañeros –como siempre- me pringaron en la tarea, así que en mi presentación lo dije: Luis Joaquín Rebolo González que, con un magnífico currículum, abandonó una carrera que se presumía meteórica (algunos lo veían hasta en Roma), lo hizo porque un buen día se atrevió a reconocerse para volver a elegir el Amor (el mismo Amor con mayúsculas, que lo primero que nos reclama es sinceridad y, con ella, una coherencia que nos exige muchas renuncias y un inmenso valor para afrontar -cuando es menester- la incomprensión de los que no entienden su grandeza), y con su presencia entre nosotros y su catequesis, nos ofreció dos preciosos regalos a la vez: el de su ejemplo para nuestra honestidad y el de su sabiduría para nuestra ignorancia.

Gracias por eso, Hermano mío.

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