“Tipografía”

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Hace cuatro años, tras una conversación con un amigo, escribí un artículo sobre la Identidad hispana y sobre la sinrazón de las exclusiones culturales. Sin darnos cuenta, habíamos acabado interrelacionando lo que ocurría entonces con Cataluña –que era el preludio de lo que ahora nos está pasando- y la animosidad que, en países de Hispanoamérica, surgió contra España hace siglos, se mantuvo con los años y, en algunos de ellos, se sigue sintiendo hoy en día (paradójicamente, generado y alimentado por los propios españoles… que, como siempre, nos maltratamos de forma inconcebible e inevitable).

Sin embargo y, a pesar de que mi amigo Sergio Gustavo Rabadá, periodista y magnífico poeta, era argentino –y tan patagónico como un mapuche-, y  yo me consideraba (y me considero) desde hace muchos años andalucista convencido -con la ilusión mínima de algunas pizcas de antiguos tartesos y refinados omeyas en la sangre-, los dos coincidimos en la visión clara de una Cultura común integradora.

Es bueno que los Pueblos trabajen por conservar sus particulares riquezas étnicas y socioculturales; pero resulta absurdo vivir, por un rencor de siglos diferidos, en la discordia y, mucho más estúpido, hacerlo para la exclusión. Más aún en un Mundo cada vez más globalizado y más necesitado de esa globalización.

La Historia no tiene marcha atrás. Lo que ocurrió hace siglos marcó la vida de nuestros Pueblos y de todos nosotros y, de paso –por mucho que muchos o quieran- nos definió como somos, regalándonos también muchas cosas positivas para compartir: entre ellas, el idioma español, que es uno de nuestros mayores regalos (aparte de los que cada cual tenga como propio también).

Le decía, entonces, a mi amigo, que ese pasado español en Cataluña y América nos legó un montón de cosas buenas. En Hispanoamérica, ese pasado común fructificó con gente tan dispar –y tan admirable- como El Libertador y el Ché y Miguel Ángel Asturias y García Márquez y Pablo Neruda y Mario Moreno y Atahualpa Yupanqui y Cafrune  y Carlos Gardel y Celia Cruz y el propio Vargas Llosa que, sólo hace un par de días, hizo historia en nuestra Historia identitaria… y, como en Hispanoamérica, exactamente igual en todos los territorios que, durante más de cinco siglos, se llamaron “las españas”, incluyendo a Cataluña: allí, desde el incomparable Salvador Dalí, al nunca suficientemente reconocido Dr. Trueta; desde el gran pintor y dramaturgo –en lengua catalana- Santiago Rusiñol, a arquitectos de la talla de Domènech i Montaner y, sobre todo, Gaudí. Aparte, una lista interminable de grandes personajes, que desarrollaron su labor en todo tipo de actividades y disciplinas científicas o artísticas, haciéndose hasta entrañables para la mayoría de nosotros porque, de alguna forma, han sido parte de nuestras vidas (Montserrat Caballé, José Carreras, Terenci Moix, Nuria Espert, Serrat, Juan Antonio Samaranch, Miguel Poveda, Peret o “el Pescailla”,…)

Yo me quedo con todo esto y me niego a renunciar a cualquiera de estos grandes personajes. Igual que sería inexplicable, para mí, que mis hermanos catalanes o hispanoamericanos renunciaran a Séneca, Maimónides, Averroes, Lope, Quevedo, Cervantes, Goya, Picasso, Velázquez, Juan Ramón o Federico.

Creo que, aunque todos somos ciudadanos de esta -por desgracia- única Humanidad que existe (¡tan insolidaria y pertinaz en sus errores!), que se debate continuamente en la miseria a causa de sus rencores, sus agravios y sus intereses creados, debemos permanecer en la esperanza porque, a fin de cuentas, esta Humanidad la formamos personas que tenemos muchas más cosas en común de lo que creemos y lo único que nos queda es compartirlas.

Hoy es el Día de la Hispanidad, de esa parte de la Humanidad a la que llamamos España e Hispanoamérica: una Comunidad formada por cientos de millones de personas unidas por un idioma único y riquísimo, gracias a las aportaciones particulares de todas y cada una de las distintas culturas que la integran.

Yo me quedo con todo esto y, desde Écija, desde mi Andalucía (con estas “miajas” antiguas de Tartessos y la Bética y Al-Andalus), os felicito a todos y, muy especialmente, a nuestros hermanos catalanes que han luchado por mantener este Espíritu, con la esperanza de que, cada cual pueda conservar su particular identidad, sabiendo construir también esta Unidad tan necesaria… y así os lo pido, os lo digo –y os lo escribo- gracias a este tesoro común que poseemos: el de estas palabras con las que todos entendemos.

Felicidades

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Joyeria Ramos