“Tipografía”

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La enfermedad del odio es demasiado abyecta. Es como una hidra de muchas cabezas, colmillos afilados y ojos enrojecidos por la ira, más sin cerebro alguno; y las hidras paren monstruos de idéntica catadura.

Si el absurdo ya venía exhibiéndose en el escaparate de las esteladas, el odio descontrolado ha dado sus últimos pasos y han desembocado en la abominación de esta inocencia masacrada de los niños.

No sabían estos adoradores de las hidras descerebradas que los hombres, con el primer desvarío, perdemos el Paraíso de nuestra Inocencia. No es justo que expulsen de su inocencia a tantos niños, para convertirlos en los instrumentos del odio y la sinrazón de los intolerantes. No es justo que violen sus derechos a conocer, a saber pensar y analizar objetivamente, a elegir en libertad. La Educación lo es todo para el Hombre libre.

Pienso en el escritor polaco Ryszard Kapuscinski y en su obra “Viajes con Heródoto”, en la que analizando los escritos del Padre de la Historia, afirma: “… mientras (Heródoto) interroga a los testigos, se da cuenta de que cada uno recuerda una cosa y de un modo diferente. Además descubre un aspecto importante y a la vez pérfido y tramposo de nuestra memoria: la gente recuerda sólo lo que quiere recordar y no por lo que ocurrió en realidad (…) El pasado no existe. Sólo hay infinidad de versiones” Asocio este texto con una de esas geniales ocurrencias que mi admirado Quino puso en boca de la Mafalda entrañable de mi juventud: “Lo malo de no leer libros, es que tenemos que creernos lo que nos dicen los demás” Aquí radica la necesidad de esa formación objetiva en la que tanto insisto. Una objetividad imposible para estos niños catalanes aleccionados en el odio hacia los demás, precisamente por los mismos individuos que deberían haberlos preparado, a través del conocimiento, para desarrollar la Razón, la Justicia, la Lógica y la Tolerancia -que son los pilares fundamentales que garantizan la felicidad del individuo-, la Paz entre los que deben convivir y el Progreso de cualquier Sociedad civilizada.

Más esta aberración que hoy descubrimos son sólo los frutos; tendríamos que recapacitar sobre el origen del mal, porque esta hidra creció casi sin que nos diéramos cuenta… y nació, pienso yo, justo el día después de que el Estado Español –Democrático y de Derecho- pusiera en manos de xenófobos nazis, las competencias de una Educación que han manipulado durante años, no para formar ciudadanos libres, sino para incubar inocencias deformadas y asesinar los Paraísos de los niños.