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Me tienen ustedes que perdonar por el título de este artículo pero es que, realmente, se me están acabando los adjetivos para calificar las estupideces que, una y otra vez, observo en estos políticos nuestros, iletrados, irresponsables, mediocres, patéticos e inconsecuentes.

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Cuentan nuestras crónicas que, cuando el llamado Comité Republicano, fijó el golpe militar que debía derrocar a la monarquía española para el día 15 de diciembre de 1930, no pudieron prever que los oficiales Fermín Galán y García Hernández se precipitaran setenta y dos horas en la intentona y que, lógicamente, con aquél preaviso resultara abortada, aunque –aún así- el día previsto intentaran conseguirlo, en Cuatro Vientos, dos militares: Queipo de Llano y Ramón Franco.

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En principio creí que esta gente jugaba al ajedrez, pero me parece que no es al ajedrez a lo que juegan sino al ping-pong. La cosa no es cuestión de neuronas sino de reflejos.

Entre los independentistas la cosa está clara: hay que mantener a Puigdemont a toda costa. No hacerlo supondría que el Estado habría ganado el pulso. Nombrar a otro que no sea su “legítimo President”, se convertiría en la prueba fehaciente de que, siempre que sea necesario –y tratándose de uebos-, el Gobierno de España puede, a zurriagazos del 155 de la Constitución, imponerse al de Cataluña.

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Como durante estas fechas en Andalucía andamos de carnavales, entre tanto cuarteto y chirigota me llegaron rumores de una ocurrencia que, en principio, atribuí a la guasa del Pueblo pero que, desgraciadamente, ha resultado cierta.

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