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En 2001, Steven Spielberg sorprendió a todos con una película basada en el relato de ciencia ficción “Los superjuguetes duran todo el verano” de Brian Aldiss, un proyecto que inició Stanley Kubrick y que no llegó a ejecutarse hasta que llegó a las manos del que fuera el Rey Midas de Hollywood.

La película es, a grandes rasgos, una revisión del cuento de Pinocho pasado por el tamiz de la ciencia ficción. Un niño- robot, interpretado por el --en aquel momento-- niño actor de moda Haley Joel Osment que, celoso de su hermano de carne y hueso, inicia una cruzada para transformarse en un niño de verdad y conseguir así el amor de su idolatrada madre.

Inteligencia Artificial es un cuento, pero no un cuento de hadas. Es un cuento oscuro en el que se ofrece una visión muy actual de la infancia. La historia de David (así se llama el pequeño robot) es la triste historia de un niño que llega a una familia fruto del anhelo de un matrimonio por sentirse padres, pero que, una vez que cumple su cometido, es abandonado a su suerte por sus mismos progenitores.

Me llamarán pesimista, pero veo una clara similitud entre este pobre niño cibernético y los muchos niños y niñas que hoy en día son organismos unidos a móviles, tabletas y otros dispositivos desde muy temprano. En la película de Spielberg los padres abandonan al niño en un mundo tecnológico que no comprende. En nuestra sociedad actual, hacemos lo mismo cuando les damos carta libre para adentrarse en el peligroso mundo de internet, el juego y el visionado de vídeos sin control. Y lo hacemos porque, una vez saciado nuestro anhelo de ser padres, estamos demasiado ocupados para atenderlos, por lo que la salida fácil es “entretenerlos” con el mundo cibernético.

Está demostrado el efecto demoledor que tienen las nuevas tecnologías en edades tempranas para el cerebro del menor, asociado desde hace años a los trastornos de déficit de atención e hiperactividad. Algo que, sin embargo, no parece preocupar a los padres. Y no entro ya en las características de dispositivos “potencialmente cancerígenos” que tienen, por ejemplo, los teléfonos móviles (regalo estrella de las comuniones para niños de sólo 9 años).

Nuestro pequeño protagonista, David, se ve inmerso en un mundo lleno de peligros, con sexo y violencia extrema en cada rincón (algo parecido a internet, pero que se puede tocar), un mundo que no entiende, en el que sólo intenta encontrar a su hada azul, la que lo transformará en un niño de verdad.

Quizás nuestros hijos no lo tengan tan claro como David, pero está claro que no son robots, sólo programados para estudiar, acudir al conservatorio, a ballet, a entrenamientos de fútbol y a clases de inglés. Son niños y así quieren sentirse. Pongámonos unas alas y seamos su hada azul para hacerles sentir, aunque sea durante las vacaciones, niños de verdad.

Les propongo un reto: miren a su hijo o hija a los ojos cuando estén enfrentados a la pantalla brillante del teléfono o la Tablet y propónganle jugar. En ese mismo instante verán una chispa, algo que hacía tiempo no veían y comprenderán que lo único que quieren es sentirse niños, y que, al igual que el protagonista de la película, serían capaces de atravesar el mundo para sentirse queridos por ustedes.

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Joyeria Ramos