Grabado expuesto en el Archivo General de Indias - Foto: Fernando Beviá

“Tipografía”

La Écija de 1567 que Georg Hoefnable plasmó en un grabado que se incluiría en su obra Civitates Orbis Terrarum, donde se recogían vistas panorámicas de 39 ciudades españolas, es durante estos días y hasta el 18 de marzo de 2018, la representación de la ciudad astigitana en la muestra “Guadalquivir, mapas y relatos de un río. Imagen y mirada” que se expone en el Archivo General de Indias, en Sevilla.

La exposición está organizada por la Universidad de Sevilla, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Archivo General de Indias. En ella se muestra documentos historiográficos, fotografías antiguas, láminas, mapas y portadas de libros que comparten como vínculo el Guadalquivir, del que es parte importante su principal afluente, el Genil, río que baña las tierras de Écija, la antigua Astigi.

Sobre la importancia del río Genil en la historia de Écija, habla Fernando Beviá en el comentario que acompaña al grabado en la exposición, el cual se enmarca en la sección “El río como amenaza” aunque, como bien refleja Beviá, también ha sido fuente de riqueza.

Con el hallazgo de un manuscrito del siglo XVIII sobre el río Guadalquivir comienza esta exposición que hace un recorrido por la historia del río, desde su pasado mitológico hasta un futuro mejorable. El grabado de Écija que se muestra en esta exposición forma parte de los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

El Archivo General de Indias acoge esta muestra, celebrada con motivo del 90 aniversario de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, desde el 10 de octubre hasta el 18 de marzo, a la que se le suma una exposición virtual en ExpoBus.

Comentario de Fernando J. Beviá que acompaña el grabado

Écija cuenta con un valioso legado de imágenes del pasado en las que se plasma su singular conjunto urbano y sus arquitecturas. La vista panorámica urbana que nos ocupa, una de las 39 españolas recogidas en Civitates Orbis Terrarum, fue “tomada” en 1567. Desde esta ubicación se obtendría la mayoría de las representaciones que hasta mediados del siglo XIX, con tradición vedutista se realizaron sobre la ciudad, que emerge entre colinas, a orillas del Genil, junto a la vega que la circunda. Desafortunadamente, el panorama no se conserva intacto en la actualidad. En el encuadre se marcan importantes vías de comunicación y el río, que adquiere especial protagonismo, en primer plano, con un nivel piezométrico bastante elevado, junto con molinos fluviales y lavaderos de lana. Sobre el cauce del Genil se representa el puente atribuido a Hernán Ruiz y el arco monumental de entrada a la ciudad, en uno de sus extremos, y en el otro la torre defensiva de las Guardas, además del rollo de justicia. El perfil urbano, al fondo

Hoefnagel completaba sus dibujos incluyendo en primer plano escenas sobre costumbres, tópicos o vida cotidiana en sus paisajes. Además, las perspectivas se resuelven con habilidad, dando una idea clara y aproximada de los perfiles y arquitecturas más destacados en el paisaje. La veracidad de los datos gráficos aportados respondía a un claro interés por la verosimilitud. Natura sola magistra – la Naturaleza es la única maestra- era su lema, y se dibuja a sí mismo como prueba de que el trabajo procede de la observación del natural y dar un mayor realismo.

La perspectiva representa magistralmente la estratégica ubicación de la fundación de la Colonia Augusta Firma Astigi hacia el 14 a.C. junto al poblado turdetano, en la margen izquierda del curso del Genil sobre su terraza más baja, ocupando un lugar privilegiado del Valle del Guadalquivir, en el que confluye a unos treinta kilómetros de distancia. Se trata de un terreno llano con una pequeña elevación, flanqueado a Este y Oeste por las terrazas altas del río que deja encajonado el asentamiento entre dos límites fluviales.

Écija ha sido desde la antigüedad y a lo largo de las diferentes etapas históricas un núcleo urbano de gran importancia, tanto por su emplazamiento, como por los recursos económicos generados por la feracidad de sus tierras y, cómo no, por el inestimable aporte de su hidrografía, con una considerable riqueza patrimonial. Plinio expresó las excelencias de la urbe, señalando su situación, diciendo que la baña el río Singilis (Genil) que va a parar al Betis (Guadalquivir), pudiéndose navegar desde la ciudad en adelante.

Cuando el augur romano consultó los presagios para comprobar que el lugar elegido para la fundación era aprobado por los dioses, tan solo Neptuno votaría en contra, vengándose mediante desbordamientos y sequías a lo largo de la historia astigitana. Sin embargo, no tenemos constancia de episodios de inundaciones durante el Imperio Romano, quizá porque el recinto amurallado quedase defendido de las avenidas. El primer suceso documentado es del año 849, en época andalusí, cuando las murallas ya habían sido destruidas hasta los cimientos durante la dominación árabe. En el año de toma de la vista, el solar de la ciudad sobrepasaba con creces no solo el romano, sino también la cerca árabe, acercándose más y más al cauce fluvial. Tras la primera riada constatada, vinieron otras muchas – siempre demasiadas-, a veces con varias crecidas anuales, que han llevado a describir a Écija desde el Sol de su escudo y desde las aguas, como hizo Eugenio D’Ors en 1938: Écija al sol, Venecia en llena luna / fábrica parangonan soberana; / canal mitral, la calle astigitana / y en el Zénit azul, su Gran Laguna.

La ciudad ha tenido desde su fundación sentimientos encontrados con el agua, desde su relación ruinosa con las continuas avenidas, hasta su esplendor económico más fulgente. El río como amenaza, la ciudad como desafío. El agua que da la vida y el agua que la cercena. Las aguas plateadas como el metal de la espada de Damocles. La ciudad, sólida como piedra. El río, con su fuerza de empuje horizontal. La urbe que hace frente con la verticalidad y asienta su peso en el terreno.

Muchas poblaciones han nacido junto al agua. Otras han muerto sepultadas en ella. Algunas, de manera indiferente o cobarde, vuelven la espalda. Écija mira desafiante al Genil, plantando cara a la amenaza y pervive en el mismo emplazamiento desde hace casi tres milenios, conservando en su fisonomía los rasgos definitorios de las sucesivas etapas históricas, y alcanza al siglo XXI con las obras de defensa del río Genil, cuyo curso se ha cambiado para acelerar su paso por el casco urbano y el desvío y encauzamiento subterráneo del Arroyo de la Argamasilla concluidas en el año 2016. El cerco contra las inundaciones culminará con la futura construcción de la Presa de San Calixto, recogida en el nuevo plan hidrológico, considerada como prioritaria.

Mientras tanto, Écija permanece Firma (firme, irremovible, decidida), como reza el cognomen de su título.

Fernando J. Beviá González

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